Mes: octubre 2014

¿QUÉ ES “EL MANJAR INMUNDO”?

el manjar inmundo frontal_pequeña

¿QUÉ ES EL MANJAR INMUNDO?

Si a alguno de los que habéis estado siguiendo este blog le hicieran esta pregunta, a día de hoy lo más seguro es que respondiera: “Una antología de cuentos de hadas en clave de terror gótico”. O algo similar, vaya. Curiosamente, en una de las reuniones que mantuve con mi editor a propósito del lanzamiento del libro, si en algo nos pusimos de acuerdo de inmediato fue en que debíamos evitar a toda costa esta definición. Porque El manjar inmundo no son cuentos de hadas en clave de terror. Ni siquiera creo que sean reinterpretaciones en clave terrorífica de cuentos de hadas clásicos… o, al menos, no siempre lo son. Cierto es que en algunos las fuentes originales que han servido de inspiración brotarán con mayor facilidad y nitidez. En este sentido, tal vez el caso más notorio sea Miah, obviamente una reinterpretación con todas las de la ley del cuento Barba Azul… si bien la ruptura y la deconstrucción siguen estando de la primera a la última página del relato (sobre todo, en la psique de esa protagonista que no podría estar más alejada de la cándida y curiosa protagonista del cuento original). O Cáliz de sangre, donde encontramos una reinvención no tanto de Caperucita roja como de El cuento de la abuela, una de las versiones orales más antiguas (y oscuras) de este cuento. (más…)

Anuncios

JOSHUA HOFFINE… Y EMILIA TEZANOS

Persefone

A veces se dan felices coincidencias creativas que, de tan asombrosas, uno podría pensar que no puede tratarse de coincidencias. Es lo que me ha ocurrido recientemente al descubrir el trabajo del artista Joshua Hoffine, y en concreto esta imagen que veis en la parte superior. Una imagen titulada Persefone, pero que sin embargo a mí me recuerda más bien al contenido de “El último sueño de Emilia Tezanos”, mi particular versión de La bella durmiente para mi antología El manjar inmundo. A falta de que salga el libro en papel (se supone que esta semana va a imprenta… ¡por fin!), os dejo como aperitivo un pequeño fragmento del relato en cuestión. Espero que os guste.

Pero había algo más. Porque nada parecía atreverse a turbar la quietud de la casa durante aquellas largas siestas. Una quietud que, en ocasiones, llegaba a resultar casi inquietante, cuando no sobrenatural. Así, el ruiseñor se mantenía silente en su jaula y, del mismo modo que los dos perros de compañía, parecía enfermo de un agotamiento que nadie podía explicar. El viento mismo no se atrevía a sobrevolar el patio, que en esas horas de la tarde parecía envuelto en un aire seco y casi irrespirable, hasta el punto de que incluso las rosas que por la mañana eran una explosión de vitalidad parecían quedar reducidas a no más que una bufonada en papel maché. Y en más de una ocasión, el propio Teodoro se sintió sobrepasado por aquella sensación no de calma, sino más bien de enfermedad, hasta el punto de verse obligado a abandonar la casa en busca de una bocanada de aire fresco.