crítica

RESEÑA DE “EL MANJAR INMUNDO” EN CINEFAGIA80

EMI

Muy buenas a todos. Hoy de nuevo vuelve a aparecer en este blog, un autor que ya lo había hecho en ocasiones anteriores. En esta ocasión, el libro que hoy se reseña vuelve a estar enclavado dentro del género de horror, en el que el escritor se desenvuelve bastante bien. Ahora, nos ofrece su particular punto de vista de cuentos infantiles por todos conocidos. Acompañadme para ver que visión da el creador de estas historias que hemos escuchado o visto en alguna ocasión. Listos? Allá vamos.

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“EL MANJAR INMUNDO” EN EL HUFFINGTON POST

HP

Lo más nuevo del escritor Javier Quevedo Puchal, un libro de relatos inspirados en cuentos clásicos, nace viejo. A El manjar inmundo (Punto en Boca, 2014) le sucede lo mismo que a la serie del fotógrafo Pato Rivero Érase una vez (2012), donde Hansel y Gretel son maniquíes de modernidad hípster y, a la vez, esculturas arcaicas y hieráticas. Mediante palabras o imágenes, tanto Quevedo Puchal como Rivero juegan con la sofisticación vintage, pero no es esa su clave, sino la capacidad de conservar en lo contemporáneo lo atávico, de evocar en lo nuevo algo viejo, muy viejo. Y es un consuelo, porque volver a los cuentos de hadas requiere viajar atrás, hasta las narraciones junto al fuego, y regresar dejando los detalles y trayendo sólo el mutismo y los respingos de sorpresa, de miedo, de fascinación. Actualizarlos no es desempolvarlos o barnizarlos -como parece que sucederá en la Cenicienta de Kenneth Branagh (2015)-, es trasplantar sus sacudidas a nuestra manera de hablar, a nuestra estética, a nuestra realidad. Es acercarlos.

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Crítica de “El manjar inmundo” en Hombres Encontrados

HE

Reconozco que siempre he sentido fascinación por los cuentos de hadas. Puede que sea por ese tono solemne y a la vez cercano que tienen las historias de siempre, unido a la universalidad de los temas que tratan. El caso es que siempre que se hace una revisión del género, suelo seguirlo con una rara mezcla de esperanzada alegría y prudente escepticismo. No obstante, El manjar inmundo me ofrecía una garantía que me permitía lanzarme a sus páginas con tranquilidad. Esa garantía tiene nombre y apellidos.
Javier Quevedo Puchal es uno de esos autores que no se conforman con escribir bien. Él mantiene un tórrido romance con el lenguaje. Lo conoce íntimamente y, al igual que ocurre con quien conoce bien a su amante, sabe cómo hacerle feliz, pero también cómo manipularle para que la balanza se incline a su favor.

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