licántropos

Una conversación con Javier Quevedo Puchal, autor de “El manjar inmundo”

Cuando te hacen entrevistas, no siempre entras en una sintonía particular con el entrevistador. Por eso es tan gratificante cuando ocurre. Ayer fue uno de esos días en los que no solo me divertí enormemente con la entrevista, sino que me encantó que Carlos Díaz Maroto hubiera entendido (y disfrutado) tanto “El manjar inmundo”. Os dejo con lo que, en realidad, me parece casi una conversación de tú a tú.

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¿QUÉ ES “EL MANJAR INMUNDO”?

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¿QUÉ ES EL MANJAR INMUNDO?

Si a alguno de los que habéis estado siguiendo este blog le hicieran esta pregunta, a día de hoy lo más seguro es que respondiera: “Una antología de cuentos de hadas en clave de terror gótico”. O algo similar, vaya. Curiosamente, en una de las reuniones que mantuve con mi editor a propósito del lanzamiento del libro, si en algo nos pusimos de acuerdo de inmediato fue en que debíamos evitar a toda costa esta definición. Porque El manjar inmundo no son cuentos de hadas en clave de terror. Ni siquiera creo que sean reinterpretaciones en clave terrorífica de cuentos de hadas clásicos… o, al menos, no siempre lo son. Cierto es que en algunos las fuentes originales que han servido de inspiración brotarán con mayor facilidad y nitidez. En este sentido, tal vez el caso más notorio sea Miah, obviamente una reinterpretación con todas las de la ley del cuento Barba Azul… si bien la ruptura y la deconstrucción siguen estando de la primera a la última página del relato (sobre todo, en la psique de esa protagonista que no podría estar más alejada de la cándida y curiosa protagonista del cuento original). O Cáliz de sangre, donde encontramos una reinvención no tanto de Caperucita roja como de El cuento de la abuela, una de las versiones orales más antiguas (y oscuras) de este cuento. (más…)

CAPERUCITAS AL DESNUDO: CAPERUCITA ROJA EN EL CINE

Posiblemente, mi cuento de hadas favorito es Caperucita Roja. No sé qué me fascina tanto en la historia de esa niña (aunque la mayoría de adaptaciones retoman convenientemente el componente erótico de la versión de Charles Perrault y hacen de ella una “niña” no tan pequeña) que ha de cruzar un bosque milenario para llevar una cesta con comida a su abuela convaleciente… y, por el camino, despertar a la sexualidad de la mano del gran lobo feroz. No me cansaré de repetirlo: si queréis indagar en las raíces y múltiples reelaboraciones que este mito ha tenido durante la historia, lo ideal es leer el ensayo Caperucita al desnudo, de Catherine Orenstein. Y sin embargo, es un libro que sigue quedándose corto, pues las relecturas no dejan de sucederse, como si aún quedara mucho por decir… o por explotar, según el caso.

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